La distribución capilar de mercancías.

Los superhéroes de hoy en día no llevan capa, antifaz ni mallas de lycra.

En primer lugar, y para desengaño de quienes hayan entrado en este artículo pensando en soluciones estéticas de corte anasagástico, habría que explicar qué es la distribución capilar. Al decir distribución capilar, hablamos de transporte de mercancías. Más aún: del transporte de mercancías dentro de las ciudades. O, como se dice en esos estudios e informes encargados por los organismos públicos para hacer ver que se preocupan por nuestros problemas, “del último eslabón de la cadena de distribución de un producto”.

 

¿Empezamos a sentir escalofríos? Normal: hablamos de una de las actividades profesionales más estresantes conocidas por el ser adulto. Obras. Atascos. Aparcamiento. Multas. Son los cuatro jinetes del apocalipsis de la vida urbana, y con todos ellos, a la vez, diariamente y durante horas, han de bregar los sufridos profesionales de la distribución y la logística.

 

La distribución capilar: un problema que nos afecta a todos.

 

distribución capilar de mercancías
Photo credit: Prawny from morguefile.com

El problema es, básicamente, el siguiente: mientras no se invente la teletransportación de mercancías, todos necesitamos que estas se muevan sobre vehículos rodados. Y además, que lo hagan continuamente. Pensemos en todas las tiendas y comercios que hay en nuestro barrio; pues bien: todas, cada una de ellas -y perdón por la obviedad, pero a veces parece que se nos olvide- necesitan cosas que les traen de otro sitio. En muchos casos, casi diariamente. Y no hablamos solo de los productos frescos: con almacenes pequeños e inventarios reducidos se gana espacio para la venta y se trabaja mejor, y eso exige distribución continua, poco pesada y también muchos pedidos de última hora.

 

Para complicar todavía más el problema, el e-commerce, o venta por internet, ha aumentado extraordinariamente el número de productos que llegan directamente a nuestros hogares. ¿Te suena eso de “En tu casa en menos de 24 horas”? Pues bien: lo que eso significa es más tráfico para nuestras ciudades.

 

¿Estamos preparados para organizar nuestras ciudades racionalmente?

Esos señores con gorra y riñonera que aparcan coches debajo de tu casa seguro que te dicen que sí; pero la misma existencia de ese potente motor de la economía sumergidísima, nos hace ver que las administraciones, en esta como en otras cosas, están haciendo un poquito de dejación de funciones y de delegación en la iniciativa privada.

 

¿Para qué vamos a engañarnos? Nuestras ciudades son un caos. Sólo tenemos que intentar pasar en coche por cualquier calle en la que haya un colegio a las cinco de la tarde. Cuesta hacerlo con triple fila, ¿eh? (la primera de ellas, plantificada directamente sobre la acera). Pues imaginemos lo que supone para quien conduce un furgón. ¿Las zonas de carga y descarga? ¿O deberíamos decir las zonas de “ si es sólo un momento, enseguida me voy”? Es el carácter latino, dicen algunos soñadores. La picaresca y la sandunga. En el norte de Europa es diferente, añaden. Allí la gente aparca donde toca, hace cola religiosamente, se deja las llaves en la puerta de casa… Pues no, tampoco.

 

Europa, Europa.

 

Photo credit: Cybrax from morguefile.com
Photo credit: Cybrax from morguefile.com

Que por lo menos lo han intentado de acuerdo, eso no vamos a negárselo. El establecimiento de peajes dentro de las ciudades, centros de recogida de mercancías por barrios, zonas de carga y descarga en las aceras… son sólo algunas de las iniciativas que han intentado llevarse a cabo en otros países y en algunos casos incluso con un éxito moderado. Pero son medidas difíciles de aplicar y casi siempre mal entendidas por la ciudadanía. En otras palabras: forman parte de ese grupo de proyectos que exigen un cambio de mentalidad a largo plazo y que, mientras tanto, sólo se ven cuando molestan y dejan poco rédito electoral.

 

Mientras las ciudades no salten por los aires, mejor nos quedamos como estamos. Y si además podemos hacer un par de cosillas de esas estéticas con las que rellenan los domingos los telediarios (el día de la bici y tal), pues todos tan contentos. We are the world, we are the children.

 

Estamos solos.

Hace unos años se puso bastante de moda una serie de televisión llamada 24. En ella, un agente de la CIA, Jack Bauer (interpretado por Kiefer Sutherland) , debía desarmar amenazas terroristas en menos de 24 horas, costase lo que costase y cayera quien cayese. Su oficina era un tótum revolútum de pantallas de ordenador y vídeo que le mostraban dónde estaba y qué hacía cada uno de sus agentes en cada momento del día; los imprevistos se sucedían uno detrás de otro, los cafés corrían que daba ulceritis sólo mirarlos y mientras todo esto sucedía los políticos se limpiaban las manos y decían “Nosotros a lo nuestro: esto nos lo soluciona Jack”.

 

Pues eso, vivir así, es la distribución capilar. Habichuelas ganadas con sudor, disgustos, broncas y multas. Ordenadores y GPS´s echando humo. ¿Tienes una ruta planificada al máximo detalle? No importa: siempre va a haber un cliente que va a necesitar algo para ya, otra calle cortada, un enésimo marrón.

 

En semejante estado de cosas, y ante tamaño abandono gubernamental, sólo existe una solución posible: convertir la distribución capilar en poco menos que una ciencia. Hacer de la hoja de ruta un arte. Y aprender cuanto antes mejor.

 

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Aprende:

  • A analizar qué es lo que necesitas para que las mercancías lleguen a su destino a su debido tiempo y, a partir de ahí, crear tu propio sistema de distribución capilar, eficiente y eficaz.
  • La normativa que te afecta, los permisos y autorizaciones que te hacen falta y los trámites administrativos que habrás de seguir para acceder a ellos.
  • Las infracciones y sanciones a las que te enfrentas. Ya sea por incumplimiento o desconocimiento.
  • Todo sobre la hoja de ruta. ¿Cuándo y dónde tienes que entregar o recoger? ¿Dónde están los almacenes y puntos de venta? No importa: te enseñaremos a elaborar la mejor hoja de ruta posible, flexible, dinámica y adaptada a un entorno urbano.
  • A saber qué puedes negociar -y cuándo- con los transportistas, repartidores autónomos y distribuidores con los que trabajes.
  • A analizar qué te está funcionando y qué no y a cómo mejorarlo para dar el mejor servicio a tus clientes.

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